martes, 28 de junio de 2011

Dime

Dime por favor donde no estás
en qué lugar puedo no ser tu ausencia
dónde puedo vivir sin recordarte,
y dónde recordar, sin que me duela.


Dime por favor en que vacío,
no está tu sombra llenando los centros;
dónde mi soledad es ella misma,
y no el sentir que tú te encuentras lejos.


Dime por favor por qué camino,
podré yo caminar, sin ser tu huella;
dónde podré correr no por buscarte,
y dónde descanzar de mi tristeza.


Dime por favor cuál es la noche,
que no tiene el color de tu mirada;
cuál es el sol, que tiene luz tan solo,
y no la sensación de que me llamas.


Dime por favor donde hay un mar,
que no susurre a mis oídos tus palabras.


Dime por favor en qué rincón,
nadie podrá ver mi tristeza;
dime cuál es el hueco de mi almohada,
que no tiene apoyada tu cabeza.


Dime por favor cuál es la noche,
en que vendrás, para velar tu sueño;
que no puedo vivir, porque te extraño;
y que no puedo morir, porque te quiero.
(Atribuido a Borges. 
Autor: Gustavo Alejandro Castiñeiras. 
Nombre original: Poema de un Recuerdo)  

jueves, 9 de junio de 2011

Historia de vampiros

Era un vampiro que sorbía agua
por las noches y por las madrugadas
al mediodía y en la cena.


Era abstemio de sangre
y por eso el bochorno
de los otros vampiros
y de las vampiresas.


Contra viento y marea se propuso
fundar una bandada
de vampiros anónimos,
hizo campaña bajo la menguante,
bajo la llena y la creciente
sus modestas pancartas proclamaban,
vampiros beban agua
la sangre trae cáncer.


Es claro los quirópteros
reunidos en su ágora de sombras
opinaron que eso era inaudito,
aquel loco aquel alucinado
podía convencer a los vampiros flojos,
esos que liban boldo tras la sangre.


De modo que una noche
con nubes de tormenta,
cinco vampiros fuertes
sedientos de hematíes, plaquetas, leucocitos,
rodearon al chiflado, al insurrecto,
y acabaron con él y su imprudencia.


Cuando por fin la luna
pudo asomarse
vio allá abajo
el pobre cuerpo del vampiro anónimo,
con cinco heridas que manaban,
formando un gran charco de agua,
lo que no pudo ver la luna
fue que los cinco ejecutores
se refugiaban en un árbol
y a su pesar reconocían
que aquello no sabía mal.


Desde esa noche que fue histórica
ni los vampiros, ni las vampiresas,
chupan más sangre,
resolvieron
por unanimidad pasarse al agua.


Como suele ocurrir en estos casos
el singular vampiro anónimo
es venerado como un mártir.

Mario Benedetti

lunes, 18 de abril de 2011

Donde Habite El Olvido

Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.


Donde mi nombre deje
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.


En esa gran región donde el amor, ángel terrible,
No esconda como acero
En mi pecho su ala,
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.


Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya,
Sometiendo a otra vida su vida,
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.


Donde penas y dichas no sean más que nombres,
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
Disuelto en niebla, ausencia,
Ausencia leve como carne de niño.


Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.

Luis Cernuda

jueves, 14 de abril de 2011

El Hueco De Mi Mano

En el hueco de mi mano
tengo guardada una palabra.


Pero el hueco de mi mano es tan profundo
que cabe más que ésta única palabra.


Cabe el sonido de la lluvia
jugueteando sobre el techo de mi calma.


Cabe el olor de tus labios empapados
y el reflejo de tus ganas.


Cabe el sentir de mis dedos
recorriendo los caminos de tu espalda.


Cabe la luna, cabe tu nombre
cabe tu esencia blanca.


Cabe la humedad de tus rizos,
dormidos sobre mi almohada.


Cabe el corazón doliente, el alma abierta
cabe esta inquieta esperanza.


Cabe el interior de una ciudad callada
buscando un mañana.


Caben mis ganas de estar lejos
de esta casa desolada.


Pero el hueco de mi mano es tan profundo,
que cabes tú mismo, si te quedas y me amas.

Araceli Collazo

miércoles, 9 de marzo de 2011

El Hombre y La Mujer

En la narración sencilla
del Génesis, he leido
que a Adan, estando dormido,
Dios le sacó una costilla.


Refiere la tradición,
y el tello calla exprofeso,
que al quitarle Dios el hueso
se le arrancó el corazón;


y con él, aún palpitante,
hizo a la mujer primera,
timida, pura, hechicera,
de amor y de fe radiante.


Y por eso, con franqueza,
algún escritor ladino
llama al sexo femenino
"un corazón sin cabeza".


Y el filósofo Platón,
allá en sus lucubraciones,
define así a los varones:
"cabezas sin corazón".


Y por eso en un momento
resuelve el hombre sentir,
sin que lo llegue advertir,
siente con el pensamiento.


Y si, en muy rara ocasión,
la mujer quiere pensar,
sin llegarlo a sospechar,
piensa con el corazón.

Ricardo Carrasquilla

sábado, 5 de marzo de 2011

Enamorarse y no

Cuando uno se enamora las cuadrillas
del tiempo hacen escala en el olvido
la desdicha se llena de milagros
el miedo se convierte en osadía
y la muerte no sale de su cueva
enamorarse es un presagio gratis
una ventana abierta al árbol nuevo
una proeza de los sentimientos
una bonanza casi insoportable
y un ejercicio contra el infortunio
por el contrario desenamorarse
es ver el cuerpo como es y no
como la otra mirada lo inventaba
es regresar más pobre al viejo enigma
y dar con la tristeza en el espejo.

Mario Benedetti

viernes, 25 de febrero de 2011

Hagamos un trato

Compañera
usted sabe
que puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo


si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense que deliro
o a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo


si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense que flojera
igual puede contar
conmigo


Pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted
es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo


Mario Benedetti